Benedicto XVI, Llull y Blaquerna
Benedicto XVI

Benedicto XVI con su inesperada renuncia indicó que la persona del obispo de Roma y sucesor de Pedro, a pesar ostentar el ministerio más relevante del catolicismo, comparte la condición limitada propia de la persona. Y esto pone aún más de relieve el carácter de servicio ministerial del sucesor de Pedro, colegialmente unido a todos los obispos de la Iglesia. Por ello, Benedicto XVI recordó ayer, en la última audiencia general, que "he dado este paso con plena conciencia de su gravedad y de su novedad. Amar a la Iglesia significa también tener el valor de tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre ante el bien de la Iglesia y no el de uno mismo ".

Benedicto XVI sigue pensando que el ministerio papal es "único y diverso", pero retiene que su condición es similar a la de los obispos y cardenales en cuanto a la "capacidad de ejercer de manera adecuada" su misión. Está claro que este ministerio se mantendrá como único que es, al tiempo seguramente sin prefijar la obligación de renuncia, pero, a su vez, se podrá reconocer la oportunidad "para el bien de la Iglesia" que el obispo de Roma renuncie a este servicio, por lo que tiene "el derecho o incluso el deber", según el mismo Ratzinger afirmaba en el libro Luz del mundo, publicado en 2010. Se trata, pues, de la reforma más importante introducida en la vida de la Iglesia católica por Benedicto XVI. Una reforma no formulada jurídicamente, pero sí promulgada con los hechos.

Con motivo de la renuncia de Benedicto XVI hay que hacer referencia a la otra renuncia por excelencia de un papa, la de Celestino V. Un monje, elegido en julio de 1294, como hombre de consenso después de veintisiete meses sin papa. Se trata de un eremita, que no era ni cardenal ni obispo, pero que había dirigido un escrito profético al cónclave con la amenaza de graves daños si no se proveía pronto la sede de San Pedro. Seis meses después de elegido, sin embargo, presentó la renuncia -el "gran rechazo", según la Divina Comedia de Dante, que por ello coloca este papa en el infierno-, porque no se veía capaz de regir la Iglesia, ya que "el ejercicio del poder le esclavizaba", a pesar de su espíritu altísimo y libre y, por ello, quería volver a la vida eremítica.

En este contexto, es muy significativo que diez años antes de la renuncia de Celestino V, nuestro Ramon Llull, en el libro Blaquerna (1274-1283), narre la historia de la educación del joven Blaquerna hasta que llegó a ser Papa , y luego renunció para seguir la vida eremítica. Por ello, surge la pregunta: ¿influyó el texto de Ramon Llull en la dimisión de Celestino V? De hecho, no hay testigos de tal influencia, pero seguramente es cierto que el texto luliano muestra que el tema estaba presente en ese momento en las tierras catalanas con el franciscano Pedro Olivi -que murió en Narbona en 1290 - y su importante tratado sobre la renuncia del papa. Se debe tener presente que Ramon Llull también era franciscano.

Es interesante observar, además, que la renuncia de Blaquerna al papado fue motivada porque "quería retirarse a servir a Dios en la vida eremítica", por lo que "cuando Blaquerna llegó a su nuevo lugar, los cardenales, llorando se despidieron de él con recíprocas demostraciones de cordial y sincero amor, y encomendándose a sus oraciones ".

Al cabo de un tiempo, fruto de su vida de experiencia mística. Llull compuso el precioso Libro de amigo y Amat, entendiendo por amigo cualquier fiel cristiano, y por Amat, a Dios. He aquí, pues, un doble contexto -el literario y ficticio de Blaquerna y el histórico y concreto de Celestino V- sobre la renuncia de Benedicto XVI. Debemos tener presente puntos similares cuando el Papa declara: "Mis fuerzas ya no son capaces para ejercer de forma adecuada el ministerio petrino... para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio... Así que me toca a mí, y en el futuro querré servir de todo corazón, con una vida dedicada a la oración, la santa Iglesia de Dios".

En el ángelus de despedida del domingo pasado, subrayó aún más: "El Señor me llama a subir a la montaña, a dedicarme aún más a la oración y a la meditación" que es "una forma más adaptada a mi edad y fuerzas para servir a la Iglesia".

Finalmente, en la audiencia de despedida de ayer miércoles, Benedicto XVI ha respondido a alguna objeción a su renuncia que lo comparaba con el final diverso de Juan Pablo II, diciendo: "No dejo la cruz, sino que sigo de una manera nueva al lado del Señor crucificado". Y al mismo tiempo, Josef Ratzinger recordó bellamente: "San Benito, cuyo nombre llevo como Papa, me servirá de gran ejemplo en esto. Él mostró el camino a una vida que, activa o pasiva, pertenece totalmente a la obra de Dios... Seguiré acompañando el camino de la Iglesia con la oración y la reflexión".

No se pueden negar varias similitudes entre las renuncias citadas: la literaria de Blaquerna y las históricas de Celestino V y de nuestro Benedicto XVI. Aun con todo, habrá diferencia en las dos últimas, ya que mientras que Celestino V merecería, según Dante, el infierno por el gran rechazo del papado, la Iglesia, en cambio, teniendo presente su fuerte espiritualidad, lo proclamó santo poco después.

Por otra parte, la renuncia de Benedicto XVI se ha convertido en una novedad muy significativa para la Iglesia, de ahí que él mismo dé "las gracias a todos y cada uno por el respeto y la comprensión con la que ha sido acogida esta decisión tan importante".

Por ello, la preciosa y emotiva despedida de Benedicto XVI en Roma durante la audiencia de ayer miércoles, así como su simbólico traslado en helicóptero a Castel Gandolfo previsto para esta noche -el mandato terminará a las veinte horas-, recuerdan la bella descripción Llul·liana de la renuncia papal en la que todos los presentes "llorando se despidieron de él con recíprocas demostraciones de cordial y sincero amor, y encomendándose a sus oraciones". He aquí la fuerza y ​​la significación del ministerio petrino del obispo de Roma atestiguada por Benedicto XVI, con la histórica renuncia que le hace ser Papa emérito. Seguro que toda nuestra la Iglesia -y muchos otros creyentes y no creyentes de nuestro mundo- le tendremos para siempre una memoria viva y agradecida.

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